Se vuelven a reunir en este templo
de cuyo techo cuelgan como hilachas
imágenes de antiguas alegrías
anunciaciones, testimonios,
profecías
despedidas a tiempo antes de tiempo
bienvenidas tan breves que se volvieron adioses
alas transparentes, cristalinas,
sangrientas salvaciones,
pequeños milagros cotidianos,
aquel amor antiguo y envolvente
novedades polvorientas, la costumbre,
la predicha ausencia impredecible,
íntenciones que nacieron buenas
y se durmieron a primeras de cambio,
redenciones
un poco de alabanza, algo de cielo,
mucho de tierra pegada en los zapatos
pasos cansados, caminos truncos
alegría, misterio, un poco de esperanza
algo de consuelo, algo de heridas
en fin
hilachas de todo lo ha sido nuestro paso por el mundo
se vuelven a reunir bajo este techo,
la risa de los ángeles, la fe -inocente,
pero fe, al fin y al cabo-
en el uno y en el otro, en esa chispa
vestigio imperceptible de una divinidad perdida
en el abismo de los buenos
y de los malos tiempos.
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